Nuestra idea inicial fue celebrar toda la boda al exterior, ya que los jardines están repletos de vegetación, tiene bonitos estanques y se respira tranquilidad.
Como en la mayoría de bodas nos imaginamos el sol resplandeciente, disfrutar al aire libre y un clima de ensueño. Sin embargo, debemos ajustarnos a la realidad y tener en cuenta que no podemos controlar la naturaleza ni el clima.
Lo ideal es disponer del famoso “Plan B”, y por supuesto contar con un equipo detrás que tenga la capacidad de poder resolver a tiempo la situación, y dejarlo todo impecable.
Así nos paso con Debbie, el mismo sábado por la mañana amanecimos con una predicción de lluvia del 90%, por tanto no podíamos arriesgarnos a dejar que la boda se estropease.
Utilizamos el aljibe de la finca, en el que tuvimos que adaptar el espacio para poder crear la zona de cena y la zona de fiesta. Transformar la decoración floral, la iluminación y la estructura para que todo estuviese en armonía. Finalmente el resultado fue mucho más increíble que la opción A, y todos quedamos encantados con el resultado.