Hay comidas que se recuerdan mucho tiempo después. No solo por lo que se sirve, sino por el momento compartido, la conversación alrededor de la mesa y el cuidado puesto en cada detalle. Pensando en esas ocasiones especiales —una comida con amigos, una celebración familiar o simplemente el placer de cocinar sin prisas— hemos preparado un menú completo, equilibrado y con un punto sofisticado, perfecto para sorprender sin complicarse.
Entrante
Vichyssoise de guisantes con menta y crujiente de jamón
Una crema suave, fresca y elegante, ideal para abrir el menú.
Ingredientes (para 6 personas):
1 kg de guisantes congelados
3 blancos de puerro
2 litros de bebida de avena “barista”
1 ramo de menta o hierbabuena fresca
Aceite de girasol
6 lonchas extrafinas de jamón
Sal
Elaboración: Trocea los puerros y póchalos en una cazuela con un poco de aceite y sal, sin que lleguen a dorarse. Añade los guisantes y un vaso de agua. Cuando rompa a hervir, cuece tapado durante unos 5 minutos. Retira del fuego, añade bebida de avena al gusto y tritura a máxima potencia. Ajusta de sal e incorpora las hojas de menta fresca. Si queda demasiado espesa, añade un poco más de bebida vegetal. Cuela la crema y reserva.
Para el crujiente de jamón, coloca las lonchas entre dos papeles de cocina y cocínalas en el microondas a máxima potencia durante 1 minuto (ajusta el tiempo si es necesario). Sirve la vichyssoise tibia o fría, acompañada del jamón crujiente y unas hojas de menta.
Plato principal
Canelón de pato confitado con bechamel de ceps, una receta perfecta para una ocasión especial
Un plato contundente, perfecto para una comida especial.
Ingredientes (para 40 canelones):
40 láminas de pasta para canelones
3 muslos de pato confitado con su grasa
150 g de harina
5 escalonias finamente picadas
1 naranja ecológica
1 litro de leche entera
Elaboración del relleno: Desmenuza la carne del pato, pícalo a cuchillo y reserva. En una sartén, calienta 150 g de grasa de pato y sofríe las escalonias hasta que estén doradas. Añade la harina y cocina removiendo durante 4 minutos. Incorpora el pato, mezcla bien y cocina un par de minutos más. Ve añadiendo la leche poco a poco hasta obtener una masa espesa pero cremosa. Ralla la piel de naranja y mézclala con el relleno. Pasa la mezcla a una manga pastelera y deja enfriar.
Cuece las láminas de canelón según indique el fabricante, extiéndelas sobre un paño y rellénalas con la mezcla. Enróllalas y colócalas en una bandeja de horno.
Bechamel de ceps:
1 litro de leche entera
100 g de harina
100 g de mantequilla
50 g de ceps deshidratados
Sal y nuez moscada
Hidrata los ceps en la mitad de la leche durante 30 minutos. Calienta hasta hervir, retira y tritura. En otra sartén, derrite la mantequilla, añade la harina y cocina sin que coja color. Incorpora poco a poco la leche con los ceps, removiendo constantemente, y ajusta de sal y nuez moscada. Napea los canelones y hornea hasta dorar.
Postre
Brownie de chocolate con pistachos
Un clásico irresistible para cerrar el menú.
Ingredientes:
6 huevos
250 g de azúcar moreno
250 g de mantequilla
200 g de chocolate para postres (55–70%)
80 g de cacao en polvo
60 g de harina de trigo
150 g de pistachos pelados
Elaboración: Mezcla los huevos con el azúcar sin batir en exceso. Derrite el chocolate y la mantequilla juntos en el microondas, removiendo cada minuto. Une ambas preparaciones. Aparte, mezcla el cacao, la harina y los pistachos y añádelos a la masa. Vierte en un molde engrasado hasta unos 3 cm de altura y hornea a 170 °C durante 30–40 minutos, según el punto deseado.
Un menú con recetas de Miele pensado para disfrutar cocinando y compartiendo, donde cada plato tiene su momento y su protagonismo. Ideal para convertir cualquier comida en una ocasión especial. 🍽️✨
Showcooking en Hogarguti con Miele Electrodomésticos
Hay experiencias que no se explican. Se viven. Se huelen antes de empezar, se escuchan mientras ocurren y se recuerdan mucho después de que el último plato haya salido del horno.
Así fue el showcooking celebrado en Hogarguti, organizado por Miele Electrodomésticos, donde la gastronomía, la tecnología y el diseño de cocinas a medida se alinearon para demostrar que cocinar puede ser, literalmente, una experiencia inmersiva.
En un entorno cálido, rodeados de cocinas diseñadas y fabricadas a medida por Hogarguti, el chef Julio nos propuso un viaje gastronómico completo: aperitivo, entrante, principal y postre, todo elaborado con un único aliado técnico —y mucha intención—: el horno a vapor combinado compacto Miele DGC 7440 HC Pro, en negro Obsidian.
Un evento que no hablaba solo de recetas, sino de cómo queremos vivir la cocina en casa.
Hogarguti: cocinas pensadas para la vida real
Entrar en Hogarguti es entender que una cocina no es un catálogo, sino una conversación.
Cada espacio que nos rodeaba durante el showcooking estaba pensado para adaptarse a la vida de quien lo habita: a su forma de cocinar, a su necesidad de almacenamiento, a su ritmo diario y a su estilo personal.
Las cocinas de Hogarguti no se imponen, acompañan. Y eso se notaba en cada detalle: materiales, distribución, iluminación y soluciones inteligentes que convierten la cocina en un lugar donde apetece estar.
Miele: tecnología que desaparece para que pase lo importante
El showcooking estuvo organizado por Miele, una marca que entiende la tecnología desde un lugar muy claro: cuando funciona de verdad, no necesita protagonismo.
El menú completo se elaboró con un único aliado técnico: el horno combinado tradicional + vapor Miele DGC 7450, un electrodoméstico que une la cocción convencional con las ventajas del vapor para lograr resultados precisos, jugosos y equilibrados.
Un horno pensado para quienes buscan versatilidad real en la cocina: desde elaboraciones delicadas hasta platos de larga cocción, manteniendo siempre el control sobre la textura, la humedad y el sabor. Tecnología aplicada de forma inteligente para que el resultado sea impecable… sin complicaciones.
Un electrodoméstico que combina vapor y calor convencional, permitiendo una precisión absoluta en cada elaboración, aunque tengas muchos invitados como en este Showcooking. Pero lo realmente interesante fue verlo en acción, guiado por un chef que sabe sacar partido a cada función.
Aquí la tecnología no impresionaba por compleja, sino por lo fácil que hacía lo difícil.
El chef Julio: cocinar explicando, cocinar compartiendo
Julio no se limitó a cocinar para nosotros. Nos llevó dentro del proceso.
Durante toda la sesión fue explicando cómo y por qué utilizaba cada función del horno, mostrando cómo la temperatura, el vapor y el tiempo pueden transformar por completo un plato.
Uno de los momentos más reveladores llegó cuando el chef utilizó el horno para recuperar pan del día anterior, que había quedado chicloso. Gracias a la combinación de calor tradicional y vapor, el pan recuperó una textura crujiente por fuera y tierna por dentro, como si acabara de salir de un horno panadero
Un gesto sencillo, cotidiano, que resume perfectamente la experiencia: la tecnología bien utilizada mejora la vida diaria sin complicarla.
El menú que disfrutamos en Hogarguti: cuatro pases, cuatro momentos
Aperitivo
Vasitos de patatas bravas fritas al air fryer, rellenas de mayonesa y salsa brava
El inicio fue directo y divertido. Un clásico reinterpretado en formato pequeño, pensado para comer con facilidad, pero con mucho carácter.
Las patatas, crujientes gracias a la cocción al aire, se combinaban con una mayonesa suave y una salsa brava equilibrada, creando un primer bocado que abría el apetito sin saturar.
Una forma perfecta de empezar: cercana, sabrosa y sin pretensiones innecesarias.
La vichyssoise, fresca y sedosa, mantenía un color intenso y un sabor limpio gracias a la cocción precisa. La menta aportaba frescor, mientras que el huevo pochado a baja temperatura añadía cremosidad y profundidad.
El crujiente de ibérico rompía la suavidad del conjunto con un contraste perfecto.
Un plato que demostraba cómo el control del vapor permite conservar sabores, texturas y nutrientes sin perder elegancia.
El plato central fue, sin duda, uno de los más memorables.
Los canelones llegaban perfectamente estructurados, con un relleno meloso de pato confitado a la naranja, equilibrado y aromático. La bechamel de boletus aportaba intensidad, profundidad y un punto terroso que envolvía todo el plato.
El horno permitió un gratinado uniforme, dorado y sin resecar, demostrando que la precisión marca la diferencia en platos complejos.
Cocina reconfortante, elaborada, pensada para disfrutarse sin prisas.
Un brownie intenso, húmedo, con el punto exacto de cocción, acompañado de pistachos tostados y praliné, y coronado con el crujiente kataifi que aportaba textura y contraste.
Un postre que demostraba que la repostería también se beneficia —y mucho— del control preciso de temperatura y humedad. Ni seco, ni excesivo. Simplemente perfecto.
Vinos, ambiente y conversaciones que fluyen
Todo el menú estuvo maridado con vinos cuidadosamente seleccionados, pensados para acompañar cada plato sin eclipsarlo. El vino, como el espacio y la cocina, formaba parte de la experiencia.
El ambiente fue cercano, relajado y elegante. Entre cocinas espectaculares, aromas que llenaban el espacio y conversaciones que fluían sin esfuerzo, el showcooking se sintió íntimo y auténtico.
No era un evento para observar. Era un evento para participar.
Cuando todo encaja: diseño, tecnología y cocina
Este showcooking fue una demostración real de lo que ocurre cuando el espacio (Hogarguti), la tecnología (Miele) y la creatividad culinaria (chef Julio) trabajan en la misma dirección.
Cuando la cocina está bien diseñada:
Cocinar se disfruta más
Los electrodomésticos acompañan
Y compartir se vuelve natural
La cocina como lugar donde pasan cosas
Salimos de Hogarguti con algo más que el recuerdo de un buen menú. Salimos con una idea clara: la cocina es uno de los espacios más importantes del hogar, no solo por lo que se cocina, sino por todo lo que ocurre alrededor.
Invertir en una cocina pensada para ti, en electrodomésticos que facilitan la vida y en experiencias que te reconectan con el placer de cocinar, es invertir en bienestar.
Altea es uno de esos pueblos que se graban en la memoria de quien lo visita. Su casco antiguo de casas blancas y calles empedradas, coronado por la icónica iglesia de cúpula azul, es un símbolo del Mediterráneo y de la identidad de la Marina Alta. Pero, ¿por qué todas las casas de Altea son blancas?
La tradición de pintar las casas de blanco tiene raíces tanto prácticas como culturales. En primer lugar, el blanco refleja la luz del sol y mantiene frescos los interiores durante los calurosos veranos mediterráneos. Este detalle arquitectónico, presente en muchos pueblos costeros de la Costa Blanca, se convierte también en un sello estético, que da uniformidad y armonía al conjunto urbano.
Pero hay más: el blanco también tiene una dimensión histórica y social. Durante siglos, los habitantes de Altea fueron pescadores, agricultores y artesanos que vivían en casas pequeñas y compactas. Pintarlas de blanco era una manera de proteger las fachadas de la humedad y de mantenerlas limpias, además de destacar sobre el azul del mar y el verde de las montañas que rodean el pueblo.
Recorrer las calles del casco antiguo de Altea es como retroceder en el tiempo. Cada plaza, rincón y portal tiene su historia, y los vecinos siguen manteniendo vivas tradiciones que se transmiten de generación en generación. Altea también es cuna de artistas y músicos; sus calles y talleres creativos atraen a viajeros que buscan no solo paisajes, sino experiencias auténticas.
Visitar Altea es disfrutar de un pueblo que combina historia, cultura y naturaleza, donde el blanco de sus casas es el hilo conductor que une pasado y presente. Caminar por sus callejuelas, disfrutar de la luz que rebota en sus fachadas y contemplar el Mediterráneo desde la iglesia es una experiencia que explica por qué Altea sigue siendo uno de los pueblos más encantadores de la Costa Blanca.
Cuando llega el invierno a la Marina Alta y la Costa Blanca, el ritmo cambia. Las calles se vuelven más tranquilas, las casas se llenan de olor a guiso lento y las cocinas recuperan recetas que saben a hogar, a tradición y a tiempo compartido. Porque si el verano es fresco y ligero, el invierno d’Ací es de cuchara, horno encendido y platos que reconfortan el cuerpo y el alma.
La gastronomía de invierno en nuestra tierra es, sobre todo, cocina de aprovechamiento, de producto local y de recetas transmitidas de generación en generación. Platos que nacen de la necesidad, pero que hoy son auténticos tesoros culinarios.
Entre los imprescindibles de esta temporada están los arroces caldosos, perfectos para los días más frescos. El arroz con alubias y nabo, el arroz con costra o los arroces de montaña con conejo y caracoles son protagonistas en muchas mesas de la comarca. Recetas contundentes, llenas de sabor y con ingredientes de proximidad.
El horno se convierte en otro gran aliado del invierno. Cocas saladas, pasteles de verduras, pan casero, carnes al horno y dulces tradicionales llenan las cocinas de aromas que despiertan recuerdos. En muchas casas todavía se elaboran recetas como la coca de calabaza, los pastissets, los rollets o los bizcochos caseros que acompañan las meriendas invernales.
Las cucharas también reclaman su lugar. Putxero, potajes de garbanzos, lentejas guisadas, caldos caseros y guisos con verduras de temporada como la col, la calabaza o con caracoles forman parte del recetario tradicional. Son platos humildes, pero profundamente sabrosos, pensados para combatir el frío y alimentar con cariño.
El invierno también es tiempo de productos de temporada: cítricos dulces y aromáticos, alcachofas, coliflor, boniato, calabaza, almendras y legumbres. Ingredientes que protagonizan platos sencillos pero llenos de identidad. Comer de temporada no solo es más sostenible, sino que conecta con la tradición agrícola de la comarca.
Y, por supuesto, no podemos olvidar las reuniones alrededor de la mesa. El invierno invita a comer despacio, a cocinar en familia, a recuperar recetas de la abuela y a valorar la gastronomía como un acto de cuidado y memoria.
La gastronomía de invierno d’Ací no es solo comida: es cultura, historia y una forma de vivir. Es la cocina que reconforta cuando baja el ritmo, que nos recuerda de dónde venimos y que nos enseña que lo sencillo, hecho con cariño, siempre sabe mejor.
La Costa Blanca es mucho más que playas. Es una sucesión de pueblos costeros llenos de historia, identidad mediterránea, tradición marinera y paisajes que combinan mar, montaña y cultura. Desde la Marina Alta hasta el sur de Alicante, cada localidad aporta su propio carácter, convirtiendo la costa en un destino diverso, atractivo y lleno de matices.
Dénia , en la Marina Alta, destaca por su puerto, su castillo, su gastronomía reconocida y su conexión con las Islas Baleares. Es un punto clave para quienes buscan historia, playas amplias y una vibrante vida cultural.
Xàbia (Jávea) combina calas de aguas cristalinas, un casco antiguo con encanto y una fuerte identidad local. Su litoral, con lugares como el Cabo de San Antonio o la Cala Granadella, la convierte en una de las joyas de la Costa Blanca.
DéniaXàbia/Jávea
Benissa, con su paseo ecológico, es una experiencia inolvidable que permite a los visitantes descubrir algunos de los rincones más bellos de la costa mediterránea. Durante el recorrido, los excursionistas pueden disfrutar de impresionantes vistas al mar y explorar una serie de calas y playas.
Moraira, más tranquila y elegante, es conocida por su puerto, su castillo junto al mar y sus playas de ambiente relajado. Un destino ideal para quienes buscan calma, gastronomía y paisajes cuidados.
Calp es fácilmente reconocible por el Peñón de Ifach, uno de los símbolos más icónicos de la provincia. Combina turismo, tradición pesquera, paseo marítimo y una amplia oferta de ocio y restauración.
CalpMoraira
En dirección sur encontramos Altea, uno de los pueblos más pintorescos de la Costa Blanca. Su casco antiguo, con calles empedradas y casas blancas, su iglesia de cúpulas azules y su ambiente artístico la convierten en un lugar único.
Benidorm, por su parte, representa el lado más urbano y turístico de la costa, con sus rascacielos, playas extensas y una oferta de ocio inagotable. Es un destino vibrante y lleno de vida durante todo el año.
Más al sur, Villajoyosa destaca por sus casas de colores frente al mar, su tradición chocolatera y su esencia marinera. Un pueblo con personalidad propia y un encanto muy especial.
El Campello combina playas largas, puerto pesquero, yacimientos arqueológicos y un paseo marítimo perfecto para disfrutar del Mediterráneo.
Finalmente, Alicante, capital de la provincia, reúne historia, comercio, cultura y mar. Su castillo de Santa Bárbara, la Explanada, el puerto y su oferta gastronómica la convierten en una parada imprescindible en la Costa Blanca.
Desde el Castillo de Santa BárbaraCentro de Alicante
Cada uno de estos pueblos costeros ofrece una experiencia diferente: desde calas escondidas hasta paseos marítimos animados, desde tradición pesquera hasta arte y modernidad. Juntos forman un mosaico de paisajes, sabores y culturas que definen la identidad mediterránea.
La Costa Blanca no es solo un destino de verano: es un territorio vivo todo el año, lleno de historias, rincones por descubrir y pueblos que invitan a volver.